De rodillas, Señor ante el Sagrario
que guarda canto que de amor y de unidad,
venimos con las flores de un deseo
para que nos las cambies en fruto de unidad.
HIMNO EUCARISTICO

TIEMPO DE ADVIENTO

Exposición del Santísimo Sacramento.

 1. Himno de Adoración.

 2. Lecturas bíblicas.

 - Is 11, 1-12

 Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces

brotará.

Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e

inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de

Yahveh.

Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias,

ni sentenciará de oídas.

Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los

pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el

soplo de sus labios matará al malvado.

Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus

flancos.

Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el

cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los

conducirá.

La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como

los bueyes, comerá paja.

Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la

víbora el recién destetado meterá la mano.

Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la

tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el

mar.

Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de

pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa.

Aquel día volverá el Señor a mostrar su mano para recobrar el resto

de su pueblo que haya quedado de Asur y de Egipto, de Patrós, de Kus, de

Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar.

Izará bandera a los gentiles, reunirá a los dispersos de Israel, y a los

desperdigados de Judá agrupará de los cuatro puntos cardinales.

Cesará la envidia de Efraím, y los opresores de Judá serán

exterminados. Efraím no envidiará a Judá y Judá no oprimirá a Efraím.


Salmo de Respuesta: Sal 93(92)

 Reina Yahveh, de majestad vestido,     
Yahveh vestido, ceñido de poder,         
y el orbe está seguro, no vacila.

Desde el principio tu trono esta fijado,         
desde siempre existes tú.

Levantan los ríos, Yahveh,         
levantan los ríos su voz,         
los ríos levantan su bramido;

más que la voz de muchas aguas         
más imponente que las ondas del mar,         
es imponente Yahveh en las alturas.

Son veraces del todo tus dictámenes;         
la santidad es el ornato de tu Casa,         
oh Yahveh, por el curso de los días.

 

- 2 Pe 3, 8 - 16

 Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor un día

es como mil años y, = mil años, como un día. =

No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como

algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo

que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión.

El Día del Señor llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos,

con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se

disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá.

Puesto que todas estas cosas han de disolverse así, ¿cómo conviene

que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad,

esperando y acelerando la venida del Día de Dios, en el que los

cielos, en llamas, se disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán?

Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y

nueva tierra, en lo que habite la justicia.

Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos,

esforzaos por ser hallados en paz ante él, sin mancilla y sin tacha.

La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como os lo

escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le

fue otorgada.

Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de

esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y

los débiles interpretan torcidamente - como también las demás Escrituras -

para su propia perdición.

Vosotros, pues, queridos, estando ya advertidos, vivid alerta, no

sea que, arrastrados por el error de esos disolutos, os veáis derribados de

vuestra firme postura.

 

Evangelio. Mt 24, 36 – 44

 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los

cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre.

 «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.

Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían,

bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca,

 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a

todos, así será también la venida del Hijo del hombre.

Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado;

dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.

 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche

iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su

casa.

 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento

que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.

 

 Meditación.

 Catequesis del Papa Juan Pablo II
6 de diciembre de 1978


1. LA REALIDAD DEL HOMBRE
Hermanas y hermanos queridísimos:

El significado del Adviento

1. Para penetrar en la plenitud bíblica y litúrgica del significado del Adviento, es necesario seguir dos direcciones. Hay que «remontarse» a los comienzos, y al mismo tiempo «descender» en profundidad. Lo hicimos ya por vez primera el miércoles pasado, escogiendo como tema de nuestra meditación las primeras palabras del libro del Génesis: «Al principio creó Dios» (Beresit bara Elohim). Al final del tema desarrollado la semana pasada, hemos puesto de relieve, entre otras cosas, que para entender el Adviento en todo su significado hay que entrar también en el tema del «hombre». El significado pleno del Adviento brota de la reflexión sobre la realidad de Dios que crea y, al crear, se revela a Sí mismo (ésta es la revelación primera y fundamental, y también la verdad primera y fundamental de nuestro Credo). Pero, al mismo tiempo, el significado pleno del Adviento aflora de la reflexión profunda sobre la realidad del hombre.

A esta segunda realidad que es el hombre nos asomaremos un poco más durante la meditación de hoy.

Imagen y semejanza de Dios

2. Hace una semana nos detuvimos en las palabras del libro del Génesis con las que se define al hombre como «imagen y semejanza de Dios». Es necesario reflexionar con mayor intensidad sobre los textos que hablan de esto. Pertenecen al primer capítulo del libro del Génesis, que presenta la descripción de la creación del mundo en el transcurso de siete días. La descripción de la creación del hombre, el sexto día, se diferencia un poco de las descripciones precedentes. En estas descripciones somos testigos sólo del acto de crear expresado con estas palabras: «Dijo Dios —hágase—»...; en cambio, aquí, el autor inspirado quiere poner en evidencia primeramente la intención y el designio del Creador (del Dios Elohim); así leemos: «Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza» (Gén 1, 26). Como si el Creador entrase en sí mismo; como si, al crear, no sólo llamase de la nada a la existencia con la palabra: «hágase», sino como si de forma particular sacase al hombre del misterio de su propio Ser. Y se comprende, pues no se trata sólo del existir, sino de la imagen. La imagen debe «reflejar», debe como reproducir en cierto modo «la sustancia» de su Modelo. El Creador dice además «a nuestra semejanza». Es obvio que no se debe entender como un «retrato», sino como un ser vivo que vive una vida semejante a la de Dios.

Sólo después de estas palabras que dan fe, por así decirlo, del designio de Dios Creador, la Biblia habla del acto mismo de la creación del hombre: «Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra» (Gén 1, 27).

Esta descripción se completa con la bendición. Por lo tanto, constan aquí el designio, el acto mismo de la creación y la bendición:

«Y los bendijo Dios diciéndoles: Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados, y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» (Gén 1, 28).

Las últimas palabras de la descripción: «Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho» (Gén 1, 31) parecen el eco de esta bendición.

Tantum Ergo.

Bendición y Reserva del Santísimo Sacramento.

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