De rodillas, Señor ante el Sagrario
que guarda canto que de amor y de unidad,
venimos con las flores de un deseo
para que nos las cambies en fruto de unidad.
HIMNO EUCARISTICO

TIEMPO DE CUARESMA

Exposición del Santísimo Sacramento.

1. Himno de Adoración.

2. Lecturas bíblicas.

- Jon 3,4 – 10

Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino

proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.»

Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de

sayal desde el mayor al menor.

La palabra llegó hasta el rey de Nínive, que se levantó de su trono,

se quitó su manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza.

Luego mandó pregonar y decir en Nínive: «Por mandato del rey y de

sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben

bocado ni pasten ni beban agua.

Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se

convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.

¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor

de su cólera, y no perezcamos.»

Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta,

y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.

 

 

Salmo de Respuesta: Sal 50 (Miserere)

Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura

borra mi delito,

lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame.

Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante

mí;

contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Por

que aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas.

Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.

Mas tú amas la verdad en lo íntimo del ser, y en lo secreto me

enseñas la sabiduría.

Rocíame con el hisopo, y seré limpio, lávame, y quedaré más

blanco que la nieve.

Devuélveme el son del gozo y la alegría, exulten los huesos

que machacaste tú.

Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas.

Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme

dentro de mí renueva;

no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo

espíritu.

Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso

afiánzame;

enseñaré a los rebeldes tus caminos, y los pecadores volverán

a ti.

Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación, y aclamará

mi lengua tu justicia;

abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.

Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo

aceptas.

El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito

y humillado, oh Dios, no lo desprecias.

¡Favorece a Sión en tu benevolencia, reconstruye las murallas

de Jerusalén!

Entonces te agradarán los sacrificios justos, - holocausto y

oblación entera - se ofrecerán entonces sobre tu altar novillos.

 

 

 

Is 52, 13 ss; 54, 1 – 12

He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y

ensalzado sobremanera.

Así como se asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía

el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana -

otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes

la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron

reconocerán.

 

¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién

se le reveló?

Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No

tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos

estimar.

Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de

dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le

tuvimos en cuenta.

¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros

dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios

y humillado.

El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas.

El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido

curados.

Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su

camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros.

Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero

al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está

muda, tampoco él abrió la boca.

Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos,

¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las

rebeldías de su pueblo ha sido herido;

y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba,

por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.

Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí

mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a

Yahveh se cumplirá por su mano.

Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento

justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará.

Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá

despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue

contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.

 

 

Salmo de Respuesta: 130 (129) (De profundis)

Desde lo más profundos grito a ti, Yahveh:

¡Señor, escucha mi clamor!         
¡Estén atentos tus oídos         
a la voz de mis súplicas!

Si en cuenta tomas las culpas, oh Yahveh,         
¿quién, Señor, resistirá?

Mas el perdón se halla junto a ti,         
para que seas temido.

Yo espero en Yahveh, mi alma          
espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor         
más que los centinelas la aurora;         

más que los centinelas la aurora,

aguarde Israel a Yahveh.     

Porque con Yahveh está el amor,         

junto a él abundancia de rescate;

él rescatará a Israel         

de todas sus culpas.

 

Evangelio. Mt 27, 45 – 55

De la misma manera le injuriaban también los salteadores

crucificados con él.

Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la

hora nona.

Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: = «¡Elí,

Elí! ¿lemá sabactaní?», = esto es: = «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has

abandonado?» =

Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama

éste.»

Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la

empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.

Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a

salvarle.»

Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.

En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo;

tembló la tierra y las rocas se hendieron.

Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos

resucitaron.

Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él,

entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.

Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a

Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:

«Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»

 

Meditación.

¡Oh Cruz! ¡Oh Cruz!

El Hijo de Dios, el que vivía con el Padre y el Espíritu, y no podía morir, en un momento de aparente frenesí de amor se vistió con la naturaleza de hombre, anonadándose. Así es como pudo, primero, presentarnos el mensaje de salvación e ir avanzando hacia la muerte redentora, camino del Calvario ; y, después, mostrarnos su rostro de gloria, triunfante de la muerte, transfigurado en luz de vida. Esto es lo que celebramos en la Semana Santa: la muerte y la vida .

Pero hoy, martes, podemos atrevernos a preguntar si todo esto que celebramos en la Semana Santa no tiene un poco de locura colectiva bajo capa de fe. ¿Cómo es posible en el Hijo de Dios un morir, infamado, y un resucitar, glorioso?

¡Oh cruz! ¡Cuántos misterios encierras y nos ocultas! Si te abraza un hombre, y tú le abrazas, ambos morís. Pero si te abraza Dios, y tú le abrazas, ¿quién muere en tus brazos?

Nunca en la historia de las religiones se encontró tamaño problema: unir en un mismo ser y en un madero a quien, por un lado, no podía morir, por ser divino e inmortal, pero, por otro, estaba abocado a la muerte, por ser pasible y humano ..... La mente no alcanza a comprender este misterio de vida y muerte; el corazón se resiste a creerlo, y muchos que oyen la voz de los cristianos que lo narran menean la cabeza con desdén...

¡Duras palabras son esas!, decían los discípulos Jesús, Hijo de Dios e Hijo del hombre, durante su predicación del Testamento Nuevo en el amor habló muchas veces a sus discípulos diciendo que, al final de las jornadas de su vida, se prepararan a presenciar un desenlace fatal, la muerte del Maestro. Éstos se resistían casi violentamente a que les quisiera catequizar y educar en ese sentido, previendo la dureza de tal acontecimiento... ¿Cómo es posible, se decían, que muera en cruz el Mesías, Hijo de Dios? ¿No vino a nosotros para vivir y dar vida a los demás? ¿A qué viene entonces decir que sube a Jerusalén y que allí le aguardan quienes serán sus verdugos y le crucificarán?

Ver en la cruz a Jesús ¿no sería como verlo despojado de su divinidad ...?

Sin embargo, Jesús insistía en que la muerte del Hijo del hombre sería camino de vida, paso previo a su transfiguración definitiva, y que ellos debían creerlo y tratar de comprenderlo.

En verdad, con Jesús se abría un mundo nuevo, un pensamiento nuevo, una actitud vital totalmente nueva. Pero ¿cómo comprenderlo? ¿cuál sería su precio?....

Escándalo y locura de la cruz

Para la mentalidad judía, "ser divino" y ser capaz de "morir en una cruz" eran realidades que no casaban; y lo mismo "ser Mesías" y "sucumbir en una cruz". El salvador de Israel estaba llamado a vestirse de poder y majestad, no de humillación y vergüenza. Por tanto, si Cristo moría en cruz, no era el Mesías esperado. La cruz era un escándalo, jamás un honor y gloria.

En esas perspectivas mesiánicas colmadas de gloria, ¡qué difícil tenía que ser para los judíos adherirse a Cristo y asumir el mensaje cristiano! Andaba por medio nada menos que la cruz. Por contraste, en la comunidad cristiana, como discipulado de Jesús, el misterio de que el Mesías, el Salvador, Cristo, muriera en una cruz se encontraba en la base de su fe, aunque no sólo la cruz, sino ella unida a la Resurrección del Crucificado.

Y ¿qué decir de la mentalidad pagana?. Para los cultos pensadores griegos que entraban en contacto con el judaísmo y cristianismo, hablar en religión nada menos que de una cruz era una locura. La cruz no podía decir relación alguna con lo divino, aunque se dijera encarnado. ¿Cómo podían los cristianos hablar de la oblación que hizo de sí mismo el Mesías, Jesús, fundador de la religión, y ser estimados sensatos, si esa actitud les colocaba fuera de la órbita de la razón humana?

El testimonio de san Pablo

Esa locura y escándalo las sufrió san Pablo en sus correrías fundacionales de comunidades cristianas. No sólo sufrió la burla de los paganos sino incluso la actitud escandalizada de algunos "judeo-cristianos" que, a pesar de haberse convertido a Cristo, seguían estimando "escándalo" el acontecimiento de la "cruz" a la que Jesús fue clavado (Gál 5,11). ¿No sería mejor, se decían, borrar semejante escena de las catequesis cristianas? Entre los fieles de Filipos llegó a haber, en el lenguaje de Pablo, algunos "enemigos de la cruz de Cristo" (Filp 3,18)

¿No era prudente que los cristianos dieran primacía a otras experiencias del Espíritu, evadiéndose de la cruz y de sus imposiciones? Tal vez fue este escándalo de la cruz lo que movió a algunos cristianos a negar incluso la verdadera humanidad de Jesús, reduciendo su imagen externa a mera apariencia de hombre (I Jn 5,6).

Sin embargo, para la auténtica fe cristiana, aunque produzca pavor y estremecimiento, la cruz es el signo máximo de la inmolación de Jesucristo, es un gesto incomparable por el que muestra que su vivir es un vivir para los demás....

¡Oh cruz, en que muere el Señor!

A pesar de las dificultades de comprensión de un Dios, hecho hombre, que muere en la cruz, ahí está la culminación de la obra redentora de Cristo, hijo de Dios e Hijo del hombre. Sin la cruz, no tendríamos en la historia de la religión cristiana las dos experiencias de mayor alcance: muerte y resurrección. Todos, Iglesia, comunidades cristianas, y cada cristiano en particular, morimos un poco con este Cristo que muere crucificado, y todos resucitamos con él. Esa es nuestra fe.



Letanías y Súplicas.
Tantum Ergo.
Bendición y Reserva del Santísimo Sacramento.

 

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