De rodillas, Señor ante el Sagrario
que guarda canto que de amor y de unidad,
venimos con las flores de un deseo
para que nos las cambies en fruto de unidad.
HIMNO EUCARISTICO

TIEMPO DE NAVIDAD

 

Exposición del Santísimo Sacramento.

1. Himno de Adoración.

2. Lecturas bíblicas.

- Is 7, 14 - 17

Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una

doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre

Emmanuel.

Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo

bueno.

Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno,

será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo.

Yahveh atraerá sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu

padre, días cuales no los hubo desde aquel en que se apartó Efraím de Judá

 

Salmo de Respuesta: Sal 24 (23)

 De Yahveh es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él

habitan;

que él lo fundó sobre los mares, él lo asentó sobre los ríos.

¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto

santo?

El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su

alma, ni con engaño jura.

El logrará la bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su

salvación.

Tal es la raza de los que le buscan, los que van tras tu rostro, oh Dios

de Jacob. = Pausa. =

¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para

que entre el rey de la gloria!

¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh, el fuerte, el valiente, Yahveh,

valiente en la batalla.

¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para

que entre el rey de la gloria!

 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh Sebaot, él es el rey de gloria.

 

- Is 9, 1- 6

 El pueblo que andaba a oscuras

vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz

brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría

por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo

botín.

Porque el yugo que les pesaba y la pinga de su hombro - la vara de

su tirano - has roto, como el día de Madián.

Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en

sangre serán para la quema, pasto del fuego.

Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el

señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero»,

«Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz».

Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y

sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia,

Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.


Evangelio. Jn 1, 1 – 18

 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la

Palabra era Dios.

Ella estaba en el principio con Dios.

Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.

En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,

y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.

Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que

todos creyeran por él.

No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene

a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no

la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de

Dios, a los que creen en su nombre;

la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació

de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y

hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que

viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»

Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.

Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad

nos han llegado por Jesucristo.

A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno

del Padre, él lo ha contado.

 

Meditación.

La Virgen sabía que ya estaba próximo el nacimiento de Jesús, y sin embargo emprendió con alegría el viaje a Belén para empadronarse como lo indicaba el edicto de César Augusto. Su pensamiento estaba puesto en el Hijo que le iba a nacer en el pueblo de David. Llegaron a Belén agotados. No hubo para ellos lugar en la posada, dice San Lucas (2, 7) con frase escueta. No dejaron entrar a Cristo. Le cerraron las puertas. María siente pena por José, y por aquellas gentes. ¡Qué frío es el mundo para con su Dios! En alguna de aquellas cuevas, que hacían de establo a las afueras del pueblo, sucedió el acontecimiento más grande de la humanidad, con la más absoluta sencillez: Y sucedió que estando allí se le cumplió la hora del parto (Lucas 2, 6). Jesús recién nacido, no habla; pero es la Palabra eterna del Padre. Se ha dicho que el Pesebre es una cátedra. Nace pobre, sin ostentación alguna, y nos anima a ser humildes. Hacemos un propósito de desprendimiento y de humildad.

II. Jesús, María y José estaban solos. Pero Dios buscó para acompañarles a gente sencilla, unos pastores, quizá porque, como eran humildes, no se asustarían al encontrar al Mesías en una cueva, envuelto en pañales. Esa noche bendita, los pastores son los primeros y únicos en conocer el nacimiento del Salvador. Dios quiso que estos pastores fueran los primeros mensajeros; ellos irán contando lo que han visto y oído (Lucas 2, 18) Igualmente a nosotros el Señor se nos revela en medio de la normalidad de nuestros días; y también son necesarias las mismas disposiciones de humildad y sencillez para llegar a Él. Hemos de estar dispuestos para descubrir a Jesús en la sencillez de lo ordinario. Los pastores se ponen en camino con regalos para Jesús: le llevaría lo que tenían a su alcance. Nosotros tampoco podemos ir a la gruta de Belén sin nuestro regalo. Lo que más agradecería la Virgen es un alma más entregada y más limpia, más alegre porque es consciente de su filiación divina, y mejor dispuesta a través de una Confesión más contrita.

III. Cantamos con júbilo en esta Navidad porque el amor está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Cuando hoy nos acerquemos a besar al Niño, agradezcamos a Dios su deseo de abajarse hasta nosotros para hacerse entender y querer, y nos decidimos a hacernos también niños, para poder así entrar un día en el reino de los cielos. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, San José nuestro Padre y Señor, interceded por nosotros.

Letanías y Súplicas.

Tantum Ergo.

Bendición y Reserva del Santísimo Sacramento.

 

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