De rodillas, Señor ante el Sagrario
que guarda canto que de amor y de unidad,
venimos con las flores de un deseo
para que nos las cambies en fruto de unidad.
HIMNO EUCARISTICO

TIEMPO DE PASCUA

 

Exposición del Santísimo Sacramento.

1. Himno de Adoración.

2. Lecturas bíblicas.

 

- Ex 12, 1 -14

 

Dijo Yahveh a Moisés y Aarón en el país de Egipto:

«Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el

primero de los meses del año.

Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: El día diez de este

mes tomará cada uno para sí una res de ganado menor por familia, una res

de ganado menor por casa.

Y si la familia fuese demasiado reducida para una res de ganado

menor, traerá al vecino más cercano a su casa, según el número de

personas y conforme a lo que cada cual pueda comer.

El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los

corderos o los cabritos.

Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; y toda la asamblea de

la comunidad de los israelitas lo inmolará entre dos luces.

Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las

casas donde lo coman.

En aquella misma noche comerán la carne. La comerán asada al

fuego, con ázimos y con hierbas amargas.

Nada de él comeréis crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus

patas y sus entrañas.

Y no dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre al amanecer

lo quemaréis.

Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas, calzados

vuestros pies, y el bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es

Pascua de Yahveh.

Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los

primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me

tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, Yahveh.

La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. Cuando yo

vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga

exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.

Este será un día memorable para vosotros, y lo celebraréis como

fiesta en honor de Yahveh de generación en generación. Decretaréis que sea

fiesta para siempre».

 

Salmo de Respuesta: Sal 117 (118)


¡Aleluya!

¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno,         
porque es eterno su amor!

¡Diga la casa de Israel:
que es eterno su amor!

¡Diga la casa de Aarón:
que es eterno su amor!

¡Digan los que temen a Yahveh:         

que es eterno su amor!

En mi angustia hacia Yahveh grité,         

él me respondió y me dio respiro;

Yahveh está por mí, no tengo miedo,         

¿qué puede hacerme el hombre?

Yahveh está por mí, entre los que me ayudan,         

y yo desafío a los que me odian.

 

Mi fuerza y mi cántico es Yahveh,         

él ha sido para mí la salvación.

Clamor de júbilo y salvación,         

en las tiendas de los justos:        

«¡La diestra de Yahveh hace proezas,

excelsa la diestra de Yahveh,         

la diestra de Yahveh hace proezas!»

No, no he de morir, que viviré,         

y contaré las obras de Yahveh;

me castigó, me castigó Yahveh,         

pero a la muerte no me entregó.

¡Abridme las puertas de justicia,         

entraré por ellas, daré gracias a Yahveh!

- 1 Cor 15, 52 – 58

En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta

final, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y

nosotros seremos transformados.

En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de

incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad.

Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este

ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que

está escrita:  La muerte ha sido devorada en la victoria.

¿Dónde está, oh muerte,  tu victoria?  ¿Dónde está, oh muerte,

tu aguijón?

El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley.

Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro

Señor Jesucristo!

Así pues, hermanos míos amados, manteneos firmes,

inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de

que vuestro trabajo no es vano el Señor.


Evangelio. Jn 20, 1 – 8   

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al

sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.

Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a

quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no

sabemos dónde le han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.

Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más

rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve

las vendas en el suelo,

y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino

plegado en un lugar aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el

primero al sepulcro; vio y creyó,

 

Meditación.

I. Alegrémonos, Cristo ha resucitado, primicias de los que duermen (ICor 15,20)

"Hermanos: os doy a conocer el Evangelio que os he predicado y que habéis acogido por la fe...: Cristo murió por nuestros pecados..., fue sepultado.., y resucitó al tercer día...; y una vez resucitado, se apareció primero a Pedro, luego a los doce, después a quinientos hermanos.., y después de todos, como a un aborto, se me apareció también a mi (Pablo)... que no soy digno de llamarme apóstol, pues perseguí a la Iglesia de Dios; pero por la gracia de Dios soy lo que soy..." (15, 1-9).

1. En esas palabras de san Pablo nos aparece una cadena los misterios que fue engarzando para nosotros el amor divino. Bendito sea. Son un tesoro que nosotros, por la fe, recibimos y guardamos en la intimidad del corazón. Y decimos intencionadamente que son misterios que van engarzados, pues forman el sutil tejido que hace posible nuestro vivir en Cristo. En efecto,

- Sin el misterio de la encarnación no hay Dios-Hombre ni rostro divino en carne pasible.

- Sin la humanidad asumida no hay en Cristo posibilidad de muerte, de inmolación, de entrega por nuestras miserias, para hacernos de nuevo amigos de Dios.

- Y sin muerte no cabe Resurrección o vida nueva .

- A su vez, sin Resurrección de Cristo no existe vida nueva para nosotros.

¡Cuánto nos va, hermanos, en esa verdad sublime de la muerte y resurrección de Jesús! Sin ella, se derrumbaría todo el edificio de nuestra esperanza.

¡Si Cristo no resucitó, clamemos con el apóstol, para nadie hay resurrección y vida eterna! ¡La fe pierde sentido!

2. Te preguntarás : ¿tan dolorosamente quedaríamos afectados todos si hacen quiebra nuestra fe y nuestra esperanza en la resurrección de Cristo? Sí, hermano. Nuestra fe en Cristo resucitado es un saber tan profundo, una experiencia tan íntima y decisiva que, si se eclipsa el triunfo del Señor sobre la muerte, todo queda en tinieblas.

Reflexiona, medita y verás que tener fe, gozar de la fe, sumergirse en el misterio de luz que es la resurrección de Cristo (y, luego, nuestra) es entrar en un sublime castillo y reino de amor y de felicidad eterna. Entrar, digo, que no se da por nuestros méritos y estudio sino por don de Dios, como un regalo que se nos hace por la confianza que ponemos en la palabra de Cristo a cuya persona nos adherimos.

En el misterio de la fe nos encontramos Cristo y nosotros. Él, triunfante y resucitado, por propios méritos; nosotros, agraciados por la generosidad de habernos devuelto al Padre.

3. Valora muy bien, hermano, lo que hemos dicho, pues nuestra persuasión y seguridad íntima, confiada, en la resurrección no es fruto de demostración científica alguna, ni de evidencias físicas dadas, como el contemplar la tumba abierta donde Jesús yacía. La persuasión y seguridad de la fe son puro don divino a los creyentes sencillos, humildes, hambrientos de verdad y de luz...

- A Jesús le vieron muchos crucificado y muerto, pero nadie le sorprendió o vio resucitando. Esto es un misterio, una verdad que se coloca más allá de la pura razón humana.

- De Jesús resucitado tenemos la experiencia maravillosa de su re-encuentro, tal como la vivieron la Magdalena, Pedro, los Discípulos de Emaús...; experiencia que revistió los mismos síntomas de vida, de palabra, de mensaje, de paz y amor... que habían tenido todos los encuentros con Jesús antes de su muerte. Pero esa es una experiencia vivida en la fe, en el amor ... No la podemos rebajar a campos de laboratorio. La destruiríamos.

Conténtate, hermano, y gózate en la observación de en esos re-encuentros de Jesús con los discípulos él volvió a ofrecer y a pedirles la misma fe, confianza, fidelidad, seguridad y vida eterna que les había predicado durante los años de evangelización... ¡Creer, creer, no ver!

Letanías y Súplicas.
Tantum Ergo.
Bendición y Reserva del Santísimo Sacramento.

 

SUBIR


Leccionario - Documentos - Himnario - Virgen María -
Camino Neocatecumenal - Devocionario - Horas Santas - Enlaces - Home - Contacto.