San Alfonso María de Ligorio, Obispo

Del libro El Gran Medio de la Oración de San Alfonso María de Ligorio.

Tan pobres somos que por nosotros mismos nada tenemos, pero con la oración podemos remediar nuestra pobreza. Si nada tenemos Dios es rico, y Dios, dice el Apóstol, es generoso con todos aquellos que le 'invocan. Con razón, pues, nos exhorta San Agustín a que tengamos confianza: Tratamos con un Dios que es infinito en poder y riquezas. No le pidamos cosas ruines y mezquinas, sino cosas muy altas y grandes. Pedir a un rey poderoso un céntimo vil, sería sin duda una especie de injuria. ¿ Y no lo será hacer lo mismo con nuestro Dios? Aunque seamos pobres y miserables y muy indignos de los beneficios divinos, sin embargo, pidamos al Señor gracias muy grandes, porque así honramos a Dios, honramos su misericordia y su liberalidad, porque pedimos, apoyados en su fidelidad y en su bondad y en la promesa solemne que nos hizo de conceder todas las gracias a quien debidamente se las pidiere. Pediréis todo lo que queráis y todo se hará según vuestros deseos.

Santa María Magdalena de Pazzis, afirma que con este modo de orar se siente el Señor muy honrado Y tanta consolación halla cuando vamos a El en busca de gracias, que no parece sino que El mismo nos lo agradece, pues de esta manera le damos ocasión y le abrimos el camino de hacernos beneficios y de satisfacer así las ansias que tiene de hacernos bien a todos. Estemos persuadidos de que, cuando llamamos a las puertas de Dios para pedirle gracias, nos da siempre más de lo que le pedimos.Por esto decía el apóstol Santiago: Si alguno tiene falta de sabiduría, pídasela a Dios, que a todos la da copiosamente y no zahiere a nadie. Con esto quiso decirnos que Dios no es avaro de sus bienes, como suelen serlo los hombres. Los hombres de este mundo por muy generosos que sean, al dar limosna siempre encogen algo la mano y dan menos de lo que se les pide, porque, por muy grandes que sean sus tesoros, siempre son limitados, y así, a medida que van dando, suele ir disminuyendo su caudal. Dios a los que rezan da copiosamente con larga y abundante mano, y más de lo que se le pide, por que infinita es su riqueza, y por mucho que dé, nunca disminuyen sus tesoros... Así lo decía David: Porque Tú Señor, eres suave, manso y de gran misericordia para todos los que te invocan. Como si dijera: Las misericordias que derramáis son tan abundantes, que superan con mucho la grandeza de los bienes que os piden.

Pongamos, por tanto, sumo cuidado en rezar congran confianza y estemos seguros de que, como decía el Crisóstorno, con la oración abriremos para dicha nuestra el arca de los tesoros divinos.

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