Beata Teresa de Calcuta.

De los escritos de la Beata Teresa de Calcuta sobre la Oración.

La oración ensancha nuestros corazones hasta darles la capacidad de contener el don mismo de Dios.

Tengo la convicción de que los políticos pasan poco tiempo de rodillas. Estoy convencida de que desempeñarían mucho mejor su tarea si lo hiciesen Tenemos tanta necesidad de orar como de respirar. Sin la oración no podemos hacer nada. Hay personas que, con tal de no orar, pretextan que la vida es tan agitada que les impide hacerlo. No debe ocurrir esto.

La oración no nos exige interrumpir nuestra tarea, sino que sigamos desarrollándola como si fuera una oración. No es necesario estar permanentemente en meditación, ni que experimentemos la sensación consciente de que estamos hablando con Dios, por más que sería muy agradable.

Lo que importa es estar con Él, vivir en Él, en su voluntad. Amar con un corazón puro: amar a todos, especialmente a los pobres, es una oración que se prolonga durante las veinticuatro horas del día. La oración genera fe, la fe genera amor, y el amor genera servicio a los pobres. San Francisco de Asís compuso la siguiente oración que me gusta mucho.

Las Misioneras de la Caridad la recitamos a diario:

Haz de mí, oh Señor, instrumento de tu paz.
Que a donde hay odio, lleve yo amor;
a donde hay ofensa, llev e yo perdón;
a donde hay duda, lleve yo fe;
a donde hay desesperación, lleve yo esperanza;
a donde hay oscuridad, llev e yo luz;
a donde hay tristeza, lleve yo alegría
0h Señor, que no busque yo tanto ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado como amar yo mismo.
Porque es dando como se recibe,
y perdonando como somos perdonados.

El primer requisito para la oración es el silencio. Las personas de oración son personas que saben guardar silencio. Mi secreto es muy sencillo: oro, Orar a Cristo es amarlo. Los filamentos de las bombillas son inútiles si no pasa la corriente. Vosotros, yo, somos los filamentos. La corriente es Dios.

Tenemos la posibilidad de permitir a la corriente pasar a través de nosotros y de utilizarnos para producir la luz del mundo. Los Apóstoles no sabían cómo rezar, y pidieron a Jesús que les enseñase a hacerlo. Jesús, entonces, les enseñó el Padre nuestro.

Creo que cada vez que decimos el Padre nuestro, Dios mira sus manos, donde nos tiene dibujados: «Quiero que sepáis que os tengo esculpidos en la palma de mis manos...» (Isaías 49, 16). ¡Qué descripción más hermosa y expresiva del amor personal que Dios siente por cada uno de nosotros!

  Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos y hermanas esparcidos por todo el mundo, que viven y mueren en soledad y hambre

Dales hoy, por nuestras manos. el pan de cada día. Y, por nuestro amor, dales paz y alegría.

Amén.

San Agustín
Santa Teresa de Jesús
San Juan de la Cruz
Santa Teresita
del Niño Jesús
San Francisco de Sales
San Alfonso María de Ligorio
San Francisco de Asís
San Anselmo
Santa Teresa Benedicta de la Cruz
Santa Teresa de los Andes
Beata Teresa de Calcuta
Juan Pablo II P.P
S.S Benedicto XVI
Oración de Ofrenda
 
Contacto