Teniendo como fundamento la Escritura , nos abrimos a la acción del Espíritu , que es el origen de aquellos escritos, y, a la vez, al testimonio de los Apóstoles, que tuvieron la experiencia viva de Cristo, la Palabra de vida, lo vieron con sus ojos, lo escucharon con sus oídos y lo tocaron con sus manos.
Juan Pablo II “Novo Millenio Ineunte nº 17”


C
artas

I II


E
vangelios

III IV V VI VII

 

I

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo

  Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios.         10, 16-17.

Hermanos:

El cáliz de nuestra Acción de Gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo?; y el pan que partimos, ¿'no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos mu­chos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamáis la muerte del Señor

 

II

Testimonio Paulino de la Institución de la Eucaristía.

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios.               11,23-26.

Hermanos:                                                                                                      

Yo he recibido una tradición, que procede del Se­ñor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en Li noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:

«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto, en memoria mía».

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:

«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto, cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

     Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

 

III

Soy manso y humilde de corazón.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo. 11,25-30.

En aquel tiempo. Jesús exclamó: — Te doy gracias. Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y en­tendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo mas que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mi todos los que estáis cansados y ago­biados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y apren­ded de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

 

IV

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. 14,12-16.22-26.

El primer día de los asimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

— ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dón­de está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»

Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían. Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: — Tomad, esto es mi cuerpo. Cogiendo un cáliz, pronunció la Acción de Gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo:

— Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derra­mada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.

Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.

 

V 

Comieron todos y se saciaron

 †Lectura del santo Evangelio según San Lucas. 9,11b-17.

En aquel tiempo. Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle: — Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado.

El les contestó: — Dadles vosotros de comer. Ellos replicaron:

— No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío. (Porque eran unos cinco mil hom­bres.)

Jesús dijo a sus discípulos:

— Decidles que se sienten en grupos de unos cin­cuenta.

Lo hicieron así, y todos se acomodaron. El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.

Comieron todos y se saciaron, y cogieron las so­bras: doce cestos.

 

VI 

El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed

 † Lectura del santo Evangelio según San Juan. 6,24-35.

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: — Maestro, ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó:

— Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios. Ellos le preguntaron:

— ¿Cómo podremos ocupamos en los trabajos que Dios quiere? Respondió Jesús:

— Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en aquel a quien ha enviado. Ellos le replicaron:

— ¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Qué obras haces?

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo». Jesús les replicó:

— Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da él verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: — Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les contestó:

— Yo soy el pan de vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mi no pasará nunca sed.

 

VII

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

 

Lectura del santo Evangelio según San Juan. 6,41 -52a.

En aquel tiempo, criticaban los judíos a Jesús por­que había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían:

— ¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No cono­cemos a su padre y a su madre?, ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo? Jesús tomó la palabra y les dijo: — No critiquéis. Nadie puede venir a mi sí no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios».

Todo el que escucha lo que dice el Padre y apren­de, viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida.

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

      Este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

       Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

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